¿Mi hijo necesita hacer logopedia?

A veces cuesta valorar si la evolución que hacen los hijos es la adecuada por la edad que tienen o no. A menudo se pueden apreciar diferencias entre niños de las mismas edades, algunas de las cuales son más significativas que otras, pero cuesta apreciar en qué momento nos tenemos que plantear llevar el hijo o la hija a un especialista en lenguaje: un logopeda.

 

Aquí tenéis algunas pistas que os pueden servir para ayudaros a decidir si sería conveniente evaluar el estado madurativo de vuestro hijo o vuestra hija. Si os sentís identificados en al menos tres de las frases que se presentan en cada franja de edad, sería conveniente acudir cuanto antes al logopeda para que valore cómo es la evolución que hace el niño o la niña.

 

Educación infantil (de 3 a 6 años)

 

Ha empezado a hablar tarde (más allá de los 18 meses).

Evita hablar con los otros o sustituye al máximo las palabras por el gesto.

Dice mal muchas de las palabras.

Empezó a andar tarde (más allá de los 18 meses).

Tiene dificultad para seguir la letra y las canciones que se han trabajado de forma rutinaria.

Confunde a menudo palabras que son comunes.

No entiende bromas o ironías.

Si se enfada responde con agresividad. No considera la posibilidad de hablarlo.

 

Educación primaria (de los 6 a los 12 años)

 

Al hablar, se come partes de las palabras que los otros sobreentienden.

Utiliza a menudo palabras genéricas para hablar, evitando especificar.

Tiene dificultad para repetir y recordar los enunciados largos.

Hace errores para conectar las frases o para conjugar verbos.

Presenta dificultades excesivas para leer una palabra no conocida.

No sabe callar cuando se le pide o cuando sería lo correcto.

La corrección directa de faltas de ortografía las hace con dificultad.

Presenta dificultades para inventarse una historia.

Le es difícil entender los conceptos abstractos como por ejemplo el de espacio-tiempo.

La explicación de los hechos las hace punto por punto, sin uniones.

 

Más allá de los 12 años también se pueden encontrar dificultades, puesto que se sabe que hasta que no se haya logrado con satisfacción una etapa no se podrá llevar a cabo correctamente la siguiente. A pesar de todo, a medida que van creciendo encuentran más estrategias compensatorias, y por eso es posible que sus dificultades pasen desapercibidas, atribuyéndoles en cambio connotaciones negativas, como por ejemplo que “sacan malas notas porque son unos gandules y no quieren trabajar”.

 
 
 
 
 
 
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